
Desde que se ubica geográficamente al espacio escultórico y la ciudad universitaria dentro del tejido urbano de la ciudad de Mèxico, se da uno cuenta del carácter excepcional que posee este lugar con respecto a la totalidad del espacio urbano que lo circunda. Inserto dentro de la zona cultural de ciudad universitaria, el espacio escultórico es el lugar ideal para el ocio a un mismo tiempo contemplativo y dinámico. El lugar del espacio escultórico esta incluida dentro del área basáltica del valle de México conocida como Pedregal de San Ángel. Ochenta kilómetros cuadrados de lava solidificada que abarcan desde las faldas del ajusco hasta las cercanías de Huipulco. Lugar donde ahora se aprecia una superficie caprichosa, quebrada e irregular con oquedades, costras y vesicularidades, túmulos, chimeneas y tubos de explosión. En todo caso fue una serie de eventos geológicamente dramáticos lo que marco la topografía y el genio del lugar, poseedor de una personalidad hosca y dura pero atrayente. Lava solidificada que como la piel humana, registra los estremecimientos y cicatrices de un transitar agitado y violento, así el paisaje del valle y el genio del lugar, narran los hechos violentos de pasadas batallas geológicas.
En correspondencia al paisaje, la geología y topografía del lugar caracterizada por la escasez de suelo vegetal, la vegetación se manifiesta anárquica como la cabellera hirsuta del indómito bárbaro habitante de lugares incivilizados. Dodonea viscosa, Eysenhardtía polystachya, Wigandia caracasona, Montanoa tormentosa, Senecio salignus, Verbesina virgata, Cassia Laevigata, Agave ferox, Opuntia tormentosa, Sedum oxypetalum, Ipomoea hirsutula. Son algunos de los nombres de una horda vegetal de especies de talla arbustiva o semiarbóreas, herbáceas, trepadoras y plantas de flor que como curtidos guerreros y fieras amazonas se aferran a una tierra poco propicia y dura. Pero de ellos despunta uno en particular, el Senecio praecox comúnmente conocido como "palo loco," especie vegetal que caracteriza a la vegetación del área originando con esto que a la comunidad vegetal se la denomine Senecionetum praecocis. Curioso e interesante arbusto el “palo loco” que desde el nombre ya denota algo de sus muy peculiares características. La precariedad de suelo vegetal acumulado sobre la roca basáltica, ha determinado el tipo de especies vegetales que se asientan en el lugar, Esta misma carencia de suelo ha provocado que la capacidad de retención de agua en el suelo sea muy reducida, lo cual es un indicador mas de la gran capacidad de adaptabilidad de la vida vegetal sobre estas adversas condiciones. En síntesis lo que ocurre con la vegetación durante las distintas épocas y meses del año es lo siguiente. De febrero a mayo aumenta la temperatura y debido a la poca retención de agua en el suelo todas las plantas anuales se secan, hasta las primeras lluvias de mayo o junio es que la vegetación comienza a desarrollarse de nuevo, siendo septiembre y octubre los meses de máximo desarrollo vegetativo, floración y fructificación, para irse atenuando paulatinamente de noviembre a enero.
Nada convencional y en contracorriente continua el Senecio praecox o “palo loco” es una especie arbustiva que no solo sobrevive la temporada seca y desolada sino que además en el colmo de su rebeldía florece durante este periodo. A cambio de florecer pierde sus hojas, las cuales recupera durante el periodo de lluvias cuando entonces pierde su flor. Interesante es el hecho de que esta especie arbustiva llega a crecer hasta tres metros, aferrándose a la roca volcánica y poco suelo vegetal acumulado en esta. Nada mas representativo de las cualidades de un lugar tan agreste pero enigmático. Es por esto que sin duda el Senecio praecox o “palo loco” es la especie arbustiva que mejor refleja la actitud del genio del lugar, tal como se puede deducir de sus anárquicos contrasentidos.
Sin embargo la lectura de este lugar no se agota en la geología y vegetación que se manifiestan libremente en el espacio, ya que la naturaleza no esta sola en esta aventura de convivir con la avasallante vida urbana. Ya que en este lugar se da un continuo y poco común dialogo entre arte y naturaleza, mismo que propicia en quien se deja llevar de este espectáculo una suerte de contemplación dinámica o activa. El lugar se percibe entonces como un fenómeno increíble que desde su principio no tuvo nada que ver con una lógica utilitarista de la conformación del espacio urbano. Por lo tanto su planificación participa también de este espíritu libre que el “genio del lugar” expresa de varias formas.
A continuación propongo una revisión narrativa alrededor de las obras escultóricas individuales que se centran simbólicamente en torno a la obra colectiva conocida como el espacio escultórico. Espacio cargado de significados y referencias reales o interpretadas que por su forma y presencia invita a establecer relaciones con otros símbolos y espacios con los que resulta casi inevitable pensar. Sin embargo el recorrido mas variado y dinámico se da en el conjunto escultórico completo a partir del cual tratare de recrear los caminos y experiencias que el lugar propone,
Comienzo por recorrer las “serpientes del Pedregal” obra de Federico Silva de 1986, sobre las cuales de inmediato me veo impulsado a caminar para sentir el ritmo de los cortes sobre la escultura los cuales simulan las escamas y la piel de la serpiente que repta en el paisaje. En esta idea el cuerpo de la serpiente ondula en su movimiento lo cual provoca suaves cambios de ritmo durante mi recorrido. Por momentos el paisaje hace detenerme a observarlo y reconocer sus diferencias. Para finalmente penetrar la cabeza de la serpiente y contemplar por sus fauces como se enmarcar y descubre una parte del paisaje. Prosigo el recorrido sobre la piedra volcánica persiguiendo la idea de encontrarme con cada una de las esculturas presentes en el paisaje, para lo cual se puede empezar por cualquiera de los caminos sugeridos e insinuados en el relieve o si se quiere y tiene la condición y habilidad necesaria se puede probar el hacer un nuevo camino. De inmediato el relieve accidentado impone y conduce mi paso, provocando un cambio en el ritmo que utilizo al recorrer este espacio accidentado, lo que me sugiere una percepción oscilante del tiempo, distinta a la percepción de atravesar un espacio liso y plano que probablemente impone una percepción continua del tiempo y el espacio.
De este modo vislumbro los colores y el movimiento sugerido de Coatl de Helen Escobedo, donde una vez saciado de penetrar el movimiento reptante de esta serpiente multicolor, busco la dirección hacia Ave Dos de Hersua, para atravesar al fin su volumen dislocado. De nuevo busco un camino cualquiera y me percato de un sendero poco visible, que sigo y me conduce a un pequeño valle en la depresión del conjunto, por lo que ahora para encontrar la siguiente escultura tengo que subir la vista y el andar hacia Ocho Conejo de Federico Silva. Una vez que llegue a este, descubro un mirador para observar parte del paisaje de donde vengo. Después de un breve descanso, continúo el camino ya sin accidentes en el relieve y a un ritmo conocido, encontrándome con las Coronas Del Pedregal de Mathias Goeritz las cuales se hacen tremendamente visibles desde casi cualquier punto del conjunto escultórico. De nuevo retomo el recorrido y después de permanecer un tiempo sobre una plataforma desde donde se divisan las esculturas restantes, me percato que esta esconde el derrotero para acceder a ellas. Una vez en el camino el sendero de piedras se bifurca para llegar a La Llave de Kepler de Manuel Felguerez, desde donde tomo aire para bajar a Colotl de Sebastián y de nuevo regresar a Coatl la serpiente multicolor.
De este modo el recorrido se eslabona como una espiral entre esculturas, vegetación, topografía y geología del paisaje. Los caminos que se abren para descubrir una a una la presencia de cada escultura dinamizan la lectura del espacio y esta se da entonces a partir del cuerpo en movimiento por entre, alrededor, encima y dentro de esculturas, depresiones y accidentes del relieve, arbustos, flora y todo aquello que sea posible tocar, oler, ver, escuchar. Una revisión visual queda incompleta sin la experiencia corporal y táctil, por lo cual la experiencia estética del lugar es solo posible a través del recorrido personal del sitio
Juego y espontaneidad son algunas de las actitudes que provocan las esculturas en este paisaje, en quienes las rodean, recorren, escalan, penetran u observan. Vacíos y huecos, formas y colores hacen el mundo interno de estas arquitecturas escultóricas, que dialogan con el impresionante vació vuelto al cielo del paisaje que las contiene. De este modo el Genio del espacio escultórico se muestra anárquico, orgulloso e indómito. Tectónico y acerado muestra su guerrera belleza exhibiendo sus armas con arte, desafiando una fuerza superior que lo rodea por todas partes. La ciudad que lo encierra muestra su poder sobre el espacio, mas sin embargo el genio y el lugar permanecen.
En correspondencia al paisaje, la geología y topografía del lugar caracterizada por la escasez de suelo vegetal, la vegetación se manifiesta anárquica como la cabellera hirsuta del indómito bárbaro habitante de lugares incivilizados. Dodonea viscosa, Eysenhardtía polystachya, Wigandia caracasona, Montanoa tormentosa, Senecio salignus, Verbesina virgata, Cassia Laevigata, Agave ferox, Opuntia tormentosa, Sedum oxypetalum, Ipomoea hirsutula. Son algunos de los nombres de una horda vegetal de especies de talla arbustiva o semiarbóreas, herbáceas, trepadoras y plantas de flor que como curtidos guerreros y fieras amazonas se aferran a una tierra poco propicia y dura. Pero de ellos despunta uno en particular, el Senecio praecox comúnmente conocido como "palo loco," especie vegetal que caracteriza a la vegetación del área originando con esto que a la comunidad vegetal se la denomine Senecionetum praecocis. Curioso e interesante arbusto el “palo loco” que desde el nombre ya denota algo de sus muy peculiares características. La precariedad de suelo vegetal acumulado sobre la roca basáltica, ha determinado el tipo de especies vegetales que se asientan en el lugar, Esta misma carencia de suelo ha provocado que la capacidad de retención de agua en el suelo sea muy reducida, lo cual es un indicador mas de la gran capacidad de adaptabilidad de la vida vegetal sobre estas adversas condiciones. En síntesis lo que ocurre con la vegetación durante las distintas épocas y meses del año es lo siguiente. De febrero a mayo aumenta la temperatura y debido a la poca retención de agua en el suelo todas las plantas anuales se secan, hasta las primeras lluvias de mayo o junio es que la vegetación comienza a desarrollarse de nuevo, siendo septiembre y octubre los meses de máximo desarrollo vegetativo, floración y fructificación, para irse atenuando paulatinamente de noviembre a enero.
Nada convencional y en contracorriente continua el Senecio praecox o “palo loco” es una especie arbustiva que no solo sobrevive la temporada seca y desolada sino que además en el colmo de su rebeldía florece durante este periodo. A cambio de florecer pierde sus hojas, las cuales recupera durante el periodo de lluvias cuando entonces pierde su flor. Interesante es el hecho de que esta especie arbustiva llega a crecer hasta tres metros, aferrándose a la roca volcánica y poco suelo vegetal acumulado en esta. Nada mas representativo de las cualidades de un lugar tan agreste pero enigmático. Es por esto que sin duda el Senecio praecox o “palo loco” es la especie arbustiva que mejor refleja la actitud del genio del lugar, tal como se puede deducir de sus anárquicos contrasentidos.
Sin embargo la lectura de este lugar no se agota en la geología y vegetación que se manifiestan libremente en el espacio, ya que la naturaleza no esta sola en esta aventura de convivir con la avasallante vida urbana. Ya que en este lugar se da un continuo y poco común dialogo entre arte y naturaleza, mismo que propicia en quien se deja llevar de este espectáculo una suerte de contemplación dinámica o activa. El lugar se percibe entonces como un fenómeno increíble que desde su principio no tuvo nada que ver con una lógica utilitarista de la conformación del espacio urbano. Por lo tanto su planificación participa también de este espíritu libre que el “genio del lugar” expresa de varias formas.
A continuación propongo una revisión narrativa alrededor de las obras escultóricas individuales que se centran simbólicamente en torno a la obra colectiva conocida como el espacio escultórico. Espacio cargado de significados y referencias reales o interpretadas que por su forma y presencia invita a establecer relaciones con otros símbolos y espacios con los que resulta casi inevitable pensar. Sin embargo el recorrido mas variado y dinámico se da en el conjunto escultórico completo a partir del cual tratare de recrear los caminos y experiencias que el lugar propone,
Comienzo por recorrer las “serpientes del Pedregal” obra de Federico Silva de 1986, sobre las cuales de inmediato me veo impulsado a caminar para sentir el ritmo de los cortes sobre la escultura los cuales simulan las escamas y la piel de la serpiente que repta en el paisaje. En esta idea el cuerpo de la serpiente ondula en su movimiento lo cual provoca suaves cambios de ritmo durante mi recorrido. Por momentos el paisaje hace detenerme a observarlo y reconocer sus diferencias. Para finalmente penetrar la cabeza de la serpiente y contemplar por sus fauces como se enmarcar y descubre una parte del paisaje. Prosigo el recorrido sobre la piedra volcánica persiguiendo la idea de encontrarme con cada una de las esculturas presentes en el paisaje, para lo cual se puede empezar por cualquiera de los caminos sugeridos e insinuados en el relieve o si se quiere y tiene la condición y habilidad necesaria se puede probar el hacer un nuevo camino. De inmediato el relieve accidentado impone y conduce mi paso, provocando un cambio en el ritmo que utilizo al recorrer este espacio accidentado, lo que me sugiere una percepción oscilante del tiempo, distinta a la percepción de atravesar un espacio liso y plano que probablemente impone una percepción continua del tiempo y el espacio.
De este modo vislumbro los colores y el movimiento sugerido de Coatl de Helen Escobedo, donde una vez saciado de penetrar el movimiento reptante de esta serpiente multicolor, busco la dirección hacia Ave Dos de Hersua, para atravesar al fin su volumen dislocado. De nuevo busco un camino cualquiera y me percato de un sendero poco visible, que sigo y me conduce a un pequeño valle en la depresión del conjunto, por lo que ahora para encontrar la siguiente escultura tengo que subir la vista y el andar hacia Ocho Conejo de Federico Silva. Una vez que llegue a este, descubro un mirador para observar parte del paisaje de donde vengo. Después de un breve descanso, continúo el camino ya sin accidentes en el relieve y a un ritmo conocido, encontrándome con las Coronas Del Pedregal de Mathias Goeritz las cuales se hacen tremendamente visibles desde casi cualquier punto del conjunto escultórico. De nuevo retomo el recorrido y después de permanecer un tiempo sobre una plataforma desde donde se divisan las esculturas restantes, me percato que esta esconde el derrotero para acceder a ellas. Una vez en el camino el sendero de piedras se bifurca para llegar a La Llave de Kepler de Manuel Felguerez, desde donde tomo aire para bajar a Colotl de Sebastián y de nuevo regresar a Coatl la serpiente multicolor.
De este modo el recorrido se eslabona como una espiral entre esculturas, vegetación, topografía y geología del paisaje. Los caminos que se abren para descubrir una a una la presencia de cada escultura dinamizan la lectura del espacio y esta se da entonces a partir del cuerpo en movimiento por entre, alrededor, encima y dentro de esculturas, depresiones y accidentes del relieve, arbustos, flora y todo aquello que sea posible tocar, oler, ver, escuchar. Una revisión visual queda incompleta sin la experiencia corporal y táctil, por lo cual la experiencia estética del lugar es solo posible a través del recorrido personal del sitio
Juego y espontaneidad son algunas de las actitudes que provocan las esculturas en este paisaje, en quienes las rodean, recorren, escalan, penetran u observan. Vacíos y huecos, formas y colores hacen el mundo interno de estas arquitecturas escultóricas, que dialogan con el impresionante vació vuelto al cielo del paisaje que las contiene. De este modo el Genio del espacio escultórico se muestra anárquico, orgulloso e indómito. Tectónico y acerado muestra su guerrera belleza exhibiendo sus armas con arte, desafiando una fuerza superior que lo rodea por todas partes. La ciudad que lo encierra muestra su poder sobre el espacio, mas sin embargo el genio y el lugar permanecen.
Texto creado dentro del seminario: Contextos de la Arquitectura perteneciente al Programa de Maestría y Doctorado de la Facultad de arquitectura de la UNAM.



